“Cuantas veces frente a la pared del callejón me vi, sin saber la salida, fue así. Cuanto tiempo en la soledad tuve que vivir. Cuantas heridas tuve que recibir. Cuantas lágrimas tuve que derramar, cuantas noches sin dormir y pensar que no había otra escena más, creer que era el final, pero ahí en te escuché decir: tranquila, lo usaré, por eso estás aquí. Ahora estoy aquí y puedo decir que soy otra en ti, que al final entendí el propósito que tienes para mí, para adorar estoy aquí, para conquistar nací, para ordenar a los muertos se levanten es que yo viví, para restaurar al caído, en fin, para conquistar nací.”

Esas son las primeras letras de mi canción llamada “Mi Propósito”, la cual compuse en el año 2014, y es parte del primer disco que el Señor me permitió grabar y lanzar en ese mismo año (comparto el link del tema musical aquí https://www.youtube.com/watch?v=h-_VD2tH9kI ). Estas letras reflejan esa ruta que he caminado hasta llegar a entender la razón de mi existencia. El por qué estoy aquí en la tierra y el porqué de cada situación que Dios me ha permitido vivir.

Parece sencillo, pero muchas veces no lo comprendemos: hemos venido a esta tierra para realizar grandes cosas. No fuimos creados solo para ocupar un espacio en nuestra genealogía e historia familiar. No.  Es más que eso. Hemos sido colocados en este espacio terrenal para vivir, con fe, con gozo, con ánimo, para producir, crear, amar, así como para dar aliento y soplo de vida a otros. Por eso no somos seres diseñados para vivir aislados, más bien, para habitar y permanecer en comunidad. Dios nos creó de manera unitaria, y luego nos insertó en comunidad.

Aunque no lo creas, nosotros podemos llegar a ser un aliciente para muchos. Como un oasis y refugio espiritual donde muchos acudan a tomar agua, y colaborar para saciar la sed de sus corazones a través de una palabra, de una expresión de amor, de una sonrisa, una caricia o de un consejo oportuno. Pero también podemos ser una carga pesada para otros, un lugar al que nadie quiera acudir, pues lo que ven y perciben es muy desconsolador. Lo que ofrezcamos a los otros dependerá de la decisión que tomemos y la manera en que decidamos vivir.

El llamado y recordatorio de Dios a nuestros corazones hoy es que: fuimos creados con un gran propósito, marcados y enviados para ser entes de impacto, de transformación y de vida. Con los maravillosos dones y talentos que ha depositado en cada uno, a la medida que Él quiso, podemos levantar a otros. Todo lo que necesitamos Dios nos lo ha entregado y está en nosotros. Nuestra boca es un instrumento poderoso para dar vida. Así que “soplemos”, tan fuerte y necesario como sea para que esos huesos, de los que ya perdieron toda la esperanza y están es estado de mortandad vuelvan a la vida y así puedan cumplir su propósito en esta tierra también.

“Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, y diles: “¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor! Así dice el Señor omnipotente a estos huesos: ‘Yo les daré aliento de vida, y ustedes volverán a vivir.” (Ezequiel 37:4-5 NVI)

¡Tu fe puede activar y levantar a alguien hoy, sopla aliento de vida! ¡El cielo es el límite!

¡Muy feliz y bendecido día!

 

 Nataly Paniagua