«Todo lo que hagas, hazlo bien, pues cuando vayas a la tumba no habrá trabajos ni proyectos ni conocimiento ni sabiduría». (Eclesiastés 9:10 NTV)

En una ocasión escuché a alguien decir que un cementerio era el lugar más rico del mundo, lo cual me resultó bastante intrigante y digno de analizar. Al meditar en ello tuvo sentido la frase, esto porque en ese lugar yacen los más grandes sueños, proyectos e ideas valiosas y poderosas que muchos no pudieron materializar mientras caminaron en la tierra y que fueron enterradas con ellos. Esto me lleva necesariamente a pensar en las razones por las que tantos seres humanos, con propósitos grandes y poderosos vinieron a la tierra, pero finalmente salieron de este espacio sin haberlos cumplido. Sin haber logrado establecer un negocio, sin haber formado la familia adecuada, sin haber servido en el ministerio que Dios le había determinado. En fin, sin haber logrado sus sueños.

 La enseñanza que recibo al reflexionar sobre ese tema es que la procrastinación tuvo mucho que ver con todo lo que pudieron realizar o para lo cual Dios les llamó a hacer, pero no lo hicieron. Son muchos los que han dejado esta tierra y con su salida de este mundo terrenal se llevaron innumerables bendiciones, pero también partieron frustrados por todo lo que al final de la carrera, si es que les dio tiempo analizar al respecto, vieron tronchado o no realizado. Según el diccionario de la Real Academia Española procrastinar es un verbo transitivo que viene del latín y su definición más básica es diferir o aplazar. O sea, «dejamos para después» lo que debimos hacer el día de hoy. Podrían ser actividades, tareas, proyectos o responsabilidades que debemos realizar en un tiempo específico. Ya sea que la tarea o responsabilidad nos resulte compleja o difícil, o en ocasiones aburrida de realizar, por lo tanto, queda en nuestra agenda “para después”.  Postergamos, abandonamos momentáneamente, evadimos, o posponemos para no ejecutar ésa “actividad”.

 Aunque pareciera que el término procrastinar es nuevo y se ha puesto muy de moda, lo encontramos en el libro Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales del escritor español Gonzalo Correas en el año 1627 (Edición de Louis Combet revisada por Robert James y Maite Mir-Andreu, Nueva Biblioteca de Erudición y Critica, Editorial Castalia).

 Ya sea que el término sea antiguo o no, considero que la práctica de la procrastinación en su manifestación más profunda está asociada al temor. Si, temor al cambio y a movernos de un lugar determinado a otro, especialmente cuando debemos hacerlo.  Pienso que la acción de procrastinar es una forma de evadir, usando otras actividades como refugio para no enfrentar una responsabilidad, una acción o una decisión que debemos tomar. Conocemos sus consecuencias manifestadas en el retraso de proyectos, frustración, además de un pobre desempeño en nuestras actividades. Es un suero silente que muchos hemos bebido, que con cada gota merma, drena, corrompe y destruye el plan de Dios en nuestra vida.

 La “señora” procrastinación es una destructora de sueños, que enamora, envuelve y nos deja frustrados y de la cual Dios quiere que nos apartemos y que abandonemos la triste necedad de practicarla. Así lo recomienda el sabio Salomón en el versículo diez del capítulo nueve del libro de Eclesiastés:

 “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”. Eclesiastés 9:10 (RVR 1960)

 El apóstol Pablo también lo recomienda en su carta a la comunidad de Efesios cuando les indica:

 “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.  Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Efesios 5: 15-17 (RVR 1960)

El sabio Salomón también expresa su opinión sobre la importancia de cómo debemos aprovechar el tiempo. En Eclesiastés tres encontramos una lista muy oportuna sobre cada tiempo, pero Salomón inicia de manera magistral alegando que «Todo tiene su tiempo debajo del sol y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora». Eclesiastés 3:1 (RVR 1960).

Es nuestra responsabilidad reconocer los tiempos y en base a ello cumplir con las actividades que nos corresponden. En constante comunión con nuestro Padre, juntos podríamos identificar, agendar, planear, medir tiempos y ejecutar de acuerdo con Su voluntad y a Su propósito en nosotros. Así dejamos de postergar o procrastinar para llegar al éxito integral en nuestras vidas. La voluntad perfecta de Dios se establecerá, en tanto cumplamos con la parte a la que fuimos llamados.

 ¡¡Ya no perdamos más el tiempo!! Es demasiado valioso para dejarlo ir sin hacer lo que tenemos que hacer. Vamos a trabajar, producir, crear, escribir, tomar decisiones, a llamar a quien es necesario. Hoy toma la decisión de enviar o aceptar esa propuesta, de emprender ese proyecto o idea. Abre las gavetas y desempolva esas carpetas de sueños guardados, revisa las ideas, sueños y promesas, y que te sirvan hoy como un recordatorio del propósito por el que llegaste a esta tierra y sean un impulsor para ejecutar lo que has postergado hasta ahora de manera intencional.

 Es tiempo de aprender, de enseñar, de perdonar, de dejar ir, de soltar equipajes pesados y sobre todo es tiempo de amar, si, de amarte más y por consiguiente amar a otros.

 ¡¡Te aseguro que estamos más cerca de emprender el vuelo, hoy te invito a volar!!

 ¡Bendiciones!

 Nataly Paniagua