El cortador de árboles se sentía poderoso. Con cada golpe de su hacha, el bosque temblaba. Ningún tronco era demasiado grueso, ninguna raíz demasiado profunda. Árbol tras árbol, su habilidad para talar y destruir era inigualable. Cada caída le recordaba su fuerza, su dominio sobre la naturaleza.
Pero un día, en medio de un claro vacío donde antes se alzaban gigantes de madera, sintió algo distinto. Sin satisfacción, sin orgullo… sino un vacío extraño. Se arrodilló frente a un tronco recién cortado y, con un impulso inexplicable, intentó unir las piezas, devolverle la vida a lo que había derribado.
Intentó encajar las fibras, juntar la madera partida, pero fue inútil. Lo que había destruido no podía volver a ser como antes. Fue entonces cuando lo entendió: destruir era fácil, pero construir… eso sí que era un verdadero desafío.
En esta aventura de la vida, construir algo valioso requiere tiempo, esfuerzo y dedicación . Ya sea una carrera, una amistad, una relación amorosa o incluso nuestra propia autoestima, todo lo que realmente importa requiere paciencia y compromiso. Sin embargo, lo paradójico es que lo que nos lleva años o incluso toda una vida en edificar, puede desmoronarse en cuestión de segundos.
Construir es un proceso lento porque implica aprendizaje, ajustes constantes y superación de obstáculos. Si hablamos de crecimiento personal , requiere disciplina, resiliencia y la capacidad de levantarnos cada vez que caigamos. Si nos referimos a las relaciones , implica confianza, comunicación y empatía, ingredientes que solo pueden fortalecerse con el tiempo.
Tomemos como ejemplo una relación de pareja: desde el primer encuentro hasta la consolidación de una relación estable, se atraviesan distintas etapas. Aprender a entenderse, respetar las diferencias, apoyarse en momentos difíciles… todo esto lleva años de esfuerzo y compromiso mutuo. Pero un solo error, una traición, una palabra hiriente en el momento equivocado pueden hacer que todo lo construido se derrumbe.
Lo mismo ocurre con la confianza. En el ámbito laboral, un empleado puede pasar años demostrando su valor, construyendo una reputación de integridad y responsabilidad. Sin embargo, un solo acto de deshonestidad, un descubrimiento grave o una mala decisión pueden destruir su credibilidad de inmediato.
La destrucción es rápida porque no requiere la misma inversión emocional o intelectual que la construcción . A veces, ocurre sin intención, por descubierta o falta de conciencia. Otras veces, sucede de manera premeditada, impulsada por el ego, el orgullo o la ira.
En las relaciones humanas, una discusión mal manejada puede romper una amistad de años. Un comentario ofensivo en un momento de frustración puede sembrar dudas y resentimientos. El problema es que, una vez que se rompe algo valioso, reconstruirlo no es tan simple.
En las relaciones, el daño emocional puede dejar cicatrices que, aunque sanan con el tiempo, cambian la dinámica para siempre.
Sabiendo lo fácil que es destruir, debemos desarrollar la conciencia y la responsabilidad sobre nuestras palabras, nuestras acciones y la forma en que tratamos a los demás. Cada día tenemos la oportunidad de elegir entre edificar o derrumbar.
Para construir: Sé paciente . Recuerda que todo lo valioso toma tiempo y esfuerzo. Practica la empatía. Ponerte en el lugar del otro ayuda a fortalecer los lazos. Cuida tus palabras . A veces, lo que decimos sin pensar puede hacer un daño irreparable. Sé constante. No basta con hacer las cosas bien un día; construir requiere compromiso diario.
Para evitar destruir: Controla tus emociones . No tomes decisiones impulsivas ni actúes en momentos de ira o frustración. Asuma la responsabilidad . Si cometes un error, en lugar de empeorar las cosas, busca repararlo. Valora lo que tienes . Cuando apreciamos lo que hemos construido, somos más cuidadosos para no perderlo.
La vida es una aventura donde cada día construimos algo: nuestra identidad, nuestros sueños, nuestras relaciones. Pero recordemos que lo que lleva años edificar puede derrumbarse en un instante si no lo cuidamos. Por eso, seamos conscientes de nuestras acciones y decisiones, protejamos lo que hemos construido con tanto esfuerzo y aprendemos a valorar lo que realmente importa. Porque si bien destruir es fácil, lo verdaderamente poderoso es aprender a construir y mantener lo que nos hace felices, mientras esperamos nuestro destino final: el Cielo.
"Construye tu casa con sabiduría y entendimiento, y llena sus cuartos de conocimiento que es el más bello tesoro". (Proverbios 24:3-4 TLA)
Con cariño,
Nataly Paniagua