El proceso era muy difícil. Cada vez que me enfrentaba a esa situación, sentía una presión insoportable en el pecho, como si el aire fuera escaso y la sensación de ahogo me envolviera. La ansiedad se apoderaba de mí, y por momentos, solo quería gritar. La situación me parecía tan abrumadora que no lograba ver una salida. Fue en medio de esa tormenta interna, cuando, en un intento por calmarme, escuché la voz serena de mi madre: "No te ahogues en un vaso de agua". Esa situación también tiene solución, me decía, recordándome que, a pesar de lo que sentía, todo tiene una salida y una lección detrás.
La frase "no te ahogues en un vaso de agua" tiene un origen interesante. Fue popularizada por Richard Carlson, un psicoterapeuta y orador motivacional estadounidense, quien la incluyó en su libro No te ahogues en un vaso de agua, publicado en 1997. Carlson, quien dedicó su vida a ayudar a las personas a manejar el estrés y la ansiedad, usaba esta frase como una herramienta para enseñar a sus pacientes a no complicarse frente a problemas que, en la mayoría de los casos, no eran tan grandes como parecían.
La expresión “ahogarse en un vaso de agua” es poderosa, porque describe a alguien que, en lugar de enfrentar los problemas con calma y perspectiva, se deja atrapar por la ansiedad, la sobrecarga mental y el miedo, transformando problemas triviales en montañas. El vaso de agua, en este contexto, simboliza algo pequeño, manejable e incluso insignificante en comparación con la magnitud de las emociones que experimentamos frente a él. Este vaso representa esas preocupaciones que, cuando las miramos en retrospectiva, a menudo no tienen la gravedad que le otorgamos en el momento de mayor angustia.
Si te detienes a reflexionar, verás que, en la mayoría de las veces, nuestras reacciones ante los problemas son las que realmente intensifican las situaciones. El ahogo emocional que sentimos, esa sensación de no poder respirar muchas veces proviene de nuestra percepción del problema, no del problema en sí. Es nuestra mente la que lo agranda; es nuestra perspectiva la que puede hacer que algo manejable se convierta en algo abrumador.
El primer paso para superar las dificultades en la vida: aprender a ver los problemas desde una perspectiva diferente. Cambiar nuestra percepción puede marcar la diferencia entre sentir que estamos perdiendo el control y darnos cuenta de que, en realidad, todo tiene solución. Es fácil perder la calma cuando estamos atrapados en el caos, pero al tomar un paso atrás y pensamos con claridad, podremos encontrar la salida. En lugar de ahogarnos en la ansiedad y el estrés, podemos buscar soluciones. En lugar de ver las dificultades como muros infranqueables, podemos aprender a verlos como oportunidades para crecer.
Todo tiene un propósito, incluso los momentos difíciles. Cada desafío nos ofrece una lección: puede ser paciencia, perseverancia o incluso la necesidad de soltar algo que ya no nos sirve. Lo que realmente importa no es lo que nos ocurre, sino cómo respondemos a ello. La clave está en mantener la calma, buscar lo positivo y, sobre todo, recordar que no debemos ahogarnos en un vaso de agua, sino que en medio de él aprendamos a nadar. Al final, la solución siempre está a nuestro alcance, y la lección detrás de cada situación nos prepara para los desafíos que están por venir.
Así que la próxima vez que te encuentres enfrentando un problema que parezca demasiado grande, recuerda las sabias palabras de mi madre: "Esa situación también tiene solución". No dejes que el miedo y la ansiedad tomen el control. En lugar de ver la dificultad como una barrera, mírala como una oportunidad de aprendizaje. Tienes dentro de ti la fortaleza y la capacidad para superar lo que sea que estés atravesando. Respira hondo, da un paso atrás y recuerda: todo tiene solución, y tú tienes el poder de encontrarla, pues Dios está contigo, y así mientras esperamos nuestro destino final, el Cielo, podemos encontrar paz.
«Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito»
(Romanos 8:28 NVI)
Con cariño,
Nataly Paniagua