“Por la gracia de Dios, nos encontramos en este hermoso mes de octubre. Damos la bienvenida a estos 31 días maravillosos de oportunidad renovada para vivir plenamente, servir con generosidad, crecer en sabiduría y compartir nuestras experiencias. ¡Gracias por acompañarme en este viaje de transformación y descubrimiento!”
Una vez más, me encontraba de pie, frente a ese lugar, contemplando las luces rojas que parpadeaban de manera hipnótica, junto al llamativo letrero que proclamaba “frituras” y “carnitas”. Desde mi infancia, mi padre fue quien despertó mi paladar con los sabores crujientes de la comida frita. Según me relata mi madre, apenas tenía dos años cuando me introdujeron en el mundo de la carne, una experiencia que ha dejado una huella profunda en mí. Hoy, esa memoria se convierte en un desafío constante: la lucha por resistir la seducción de estos alimentos. A pesar de ser consciente de su naturaleza grasienta y poco saludable, mi mente inconsciente sigue asociando estas delicias con el placer. Cada vez que paso por lugares y respiro el aroma de la comida frita, revivo recuerdos que alimentan una batalla interna: un tira y afloja entre la nostalgia y el deseo de bienestar.
Este dilema no se limita solo a la comida; es un reflejo de cómo nuestras elecciones, tanto físicas como mentales, impactan nuestra vida. Debemos reconocer los “alimentos” mentales que consumimos diariamente: las noticias negativas, drama, terror, chisme, las comparaciones en redes sociales y el ruido que nos rodea. Estos son la “comida chatarra” que no nos beneficia. En un mundo donde estamos constantemente bombardeados por opciones de alimentos y contenido, cuidar lo que consumimos se vuelve esencial para nuestro bienestar. No se trata solo de elegir alimentos saludables; también implica ser conscientes de lo que dejamos entrar en nuestra mente y espíritu.
La comida que elegimos no solo alimenta nuestro cuerpo, sino que también afecta nuestro estado emocional y mental. En mi caso la comida frita simboliza momentos felices de mi infancia, pero también es un recordatorio de que lo placentero puede tener un alto costo, tales como el sobrepeso, colesterol, entre otros. La conexión entre lo que comemos y cómo nos sentimos es profunda. Al optar por alimentos saludables como frutas, verduras y granos enteros, no solo estamos nutriendo nuestro cuerpo, sino también optimizando nuestra función cognitiva y emocional. Estas elecciones correctas garantizan la salud de nuestro cuerpo físico y espiritual. Es fundamental adoptar hábitos que realmente nos beneficien.
Igualmente, crucial es ser conscientes de lo que consumimos mentalmente. Las redes sociales, las malas noticias, el drama y el chisme pueden llenar nuestra mente de ruido y negatividad. Al igual que las frituras, este tipo de contenido puede parecer atractivo a primera vista, pero a menudo no aporta valor a nuestras vidas y detiene nuestro crecimiento integral.
La mente, al igual que el cuerpo, necesita alimento nutritivo. Dedicar tiempo a orar, escribir, leer la Biblia y libros inspiradores o escuchar podcasts motivacionales puede ser tan vital como elegir una ensalada en lugar de una hamburguesa. Estas elecciones mentales nos ayudan a cultivar una mentalidad positiva y resiliente.
Entonces, ¿cómo podemos comenzar a cuidar lo que consumimos, tanto física como mentalmente? Aquí hay algunas estrategias que he encontrado útiles y estoy aplicando en mi propio viaje de superación personal:
1. Planifica tus Comidas: Esto te ayuda a incluir opciones saludables y a evitar la tentación de la comida rápida.
2. Practica la Atención Plena: La atención plena es una herramienta poderosa. Al comer, tómate un momento para saborear cada bocado y aplicar este enfoque también a lo que consumes mentalmente.
3. Limita la Exposición a Contenido Negativo: Haz una “limpieza” de tus redes sociales. Deja de seguir cuentas que te generen malestar y busca contenido inspirador que te motive a crecer.
4. Incorpora Prácticas de Bienestar: Encuentra actividades que te nutran mental y emocionalmente, como el ejercicio, la oración, escribir o disfrutar de un buen libro.
5. Sé Compasivo Contigo Mismo: El camino hacia una vida más saludable no es lineal. Habrá momentos de debilidad; en lugar de castigarte, aprende de la experiencia y sigue adelante.
Hoy te invito a cuidar juntos lo que consumimos, tanto física como mentalmente. Este es un acto de amor hacia nosotros mismos y un paso fundamental hacia el crecimiento personal. Comencemos hoy a cambiar nuestros hábitos alimenticios, dejando atrás las malas costumbres de consumir sin conciencia y adoptando nuevas formas de alimentarnos. Tomemos la decisión de llenarnos de salud en lugar de enfermedad, mientras nos dirigimos hacia nuestro destino final: el Cielo.
«¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.» (1 Corintios 6:19-20 NTV)
¡Feliz y bendecida semana!
Con cariño,
Nataly Paniagua